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A 40 años del primer Expreso

Hace exactamente cuarenta años atrás, la revista Expreso Imaginario salía a la calle. En la tarde de ayer, los periodistas Pipo Lernoud, Claudio Kleinman y Alfredo Rosso repasaron la historia de aquel mensuario en el Centro Cultural Kirchner.

La entrada del auditorio donde se iba a dar la charla estaba llena de hombres. Todos tenían un promedio de sesenta años. Me sentía como una oveja negra: mujer y sub-20. Estaba ante un horizonte de canas, camperas de cuero y jeans negros. Puedo ver a una señora de pelo corte carré con un vestido no muy floreado. Un estilo muy bohemio. Por supuesto que había otros jóvenes de veinte. Lo que nos unía a todos era la forma de ser y vestir.

Una vez dentro del auditorio y todos acomodados entra el periodista Sergio Marchi, moderador de la charla. “Ahí viene el Expreso”, dice en introducción a sus colegas Pipo Lernoud, Claudio Kleinman y Alfredo Rosso. Los tres sostienen un almohadón gigante con forma de chorizo que en él se lee “Expreso Imaginario”.

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Primer número de Expreso Imaginario

Pipo Lernoud comienza su discurso con una mención a Jorge Pistocchi. Éste último es quien hacía la revista “Mordisco”, predecesora de “Expreso…”. Cuenta Lernoud que Pistocchi, sin embargo, quería una revista que aportara más. Es así que nace Expreso Imaginario. “Representa todo lo que decían las canciones de rock”, dice Pipo. La revista salió por primera vez un 6 de agosto. El mismo día que uno de los ataques nucleares a Hiroshima, pero treinta y un años más tarde.
¿Por qué Expreso Imaginario marcó un antes y un después en la cultura y en el periodismo musical? Es que “iba más allá del rock”. Además de ésta, reflejaba otras culturas, como, por ejemplo, los pueblos originarios. Criticaba a un mundo que se estaba poniendo cada vez más artificial, al mismo tiempo que hablaba sobre ecología. Hasta llegó a mostrar a la mujer, descrita por una mujer (Diana Beliessi).

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El ambiente estaba inmerso en nostalgias de un rock que ya no es igual, y de un periodismo que hoy día ha evolucionado. “La data debía ser ultra chequeada”, resaltaba Lernoud. “Otra que Wikipedia”, acotaba Alfredo Rosso. En cuanto a estética, la manera de ilustrar la revista era más “rústica”, artesanal. Horacio Fontova era el encargado de la estética de Expreso Imaginario. El título estaba hecho con letraset, algo así como la “reproducción de letras mediante caracteres adhesivos”, según el diccionario. Lernoud cuenta que Fontova se sentaba a hacer los dibujos para la revista en el momento. Medía el espacio en blanco que tenía disponible, y lo hacía.

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Una vez terminado el discurso de Pipo Lernoud, es el turno de Alfredo Rosso. El periodista recuerda: “El rock no estaba formalmente prohibido, sino ciertas actuaciones. No salían los Sex Pistols, ni The Clash… Y el rock pesado tampoco porque le tenían miedo a lo que podían llegar a generar.” La llegada de Rosso al mundo del periodismo musical se da cuando sus padres le regalan -“con esfuerzo”- un viaje a Inglaterra, donde la cultura del rock estaba más ardiente que nunca. Desde aquel país mandaba las notas que escribía sobre bandas que acá eran nuevas, pero nunca se las publicaron. Cuenta que la revista Pelo fue la primera idea de movimiento. Él no sentía representación en aquella, hasta que salió Mordisco. “Me encantaba poner en contacto a mis ídolos con el público”, dice Rosso. Si bien se dice que los periodistas de rock son músicos frustrados, Alfredo no siente ser el caso.

Claudio Kleinman resalta que eran “tipos que no [tenían] acceso directo con el rock”. Su comienzo se dio en la colimba. Una vez, un “imaginario” (soldado que se paraba en los dormitorios de los colimbas para vigilar que nadie se robe lo del otro) tenía una Mordisco. Kleinman le preguntó sobre quién escribía, y así conoció a Alfredo Rosso. “Música, poesía, toda la información y entradas a recitales”; todo eso siente Claudio que Expreso Imaginario le dio.

Kleinman cuenta la anécdota de cómo lo “empezaron a mirar con un poco más de respeto en la redacción”: un día llega una carta de Charly García, quien ya era amigo de Pipo Lernoud. El músico felicitaba en ella la sección de discos que manejaba Claudio. “Fue increíble”, recuerda el periodista.

Luego de un par de preguntas hecha por los espectadores, la charla llegó a su fin. Algunos se acercan a saludar. Otros se van con un dejo de nostalgia. Me pregunto si habrá otro Expreso alguna vez.

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